Cuando cerrar el año no es pasar de página, sino leerla con sentido.
El final del ciclo no es una meta, es un umbral.
DICIEMBRE 2025
María Muratet Embuena
12/29/20251 min leer


Hay una tentación habitual cuando diciembre se acaba: querer “terminar” el año deprisa, como si cerrarlo fuera olvidarlo. Sin embargo, el cierre no es un acto de borrado, sino de comprensión. Cerrar bien un año implica asumir que nada de lo vivido fue neutro. Cada decisión, cada pérdida, cada logro y cada espera dejó una huella de significado. El problema no es lo que ocurrió, sino el relato interior que construimos sobre ello. Si el relato es rígido, moralista o victimista, el año pesa. Si es consciente, el año enseña.
Cuando miras atrás con honestidad —no con indulgencia ni con castigo— empiezas a detectar patrones: dónde insististe sin sentido, dónde evitaste elegir, dónde creciste sin darte cuenta. Ahí aparece algo incómodo pero valioso: la responsabilidad simbólica. No como culpa, sino como capacidad de leer tu propia experiencia. Este cierre no te pide optimismo para el 2026, sino coherencia. No te pide promesas grandilocuentes, sino claridad.
¿Qué lectura honesta de este año te permitiría empezar el siguiente sin repetirlo?
María Muratet Embuena.
Esta reflexión se basa en los contenidos del Modelo Educativo de Semiología de la vida cotidiana®, creado por el Dr. Alfonso Ruiz Soto®.
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Conocerse a uno mismo como solución a los conflictos internos.
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